14.5.06

La mort de Halbwachs


A Maurice Halbwachs tambien lo habia estrechado entre mis brazos este último domingo. [...] Halbwachs ya no tenia fuerzas para ello. O la debilidad necesaria, ¿quien sabe? En cualquier caso ya no tenia la posibilidad. O el deseo. Sin duda, la muerte es el agotamiento de cualquier deseo, incluido el de morir. Solo a partir de la vida, del conocimiento de la vida, cabe tener deseo de morir. Todavia sigue siendo un reflejo de vida ese deseo mortifero.

Pero Maurice Halbwachs ya no tenia manifiestamente deseo alguno, ni siquiera el de morir. Estaba mas allá, sin duda, en la eternidad pestilente de su cuerpo en descomposición.

[...] Maurice Halbwachs no murió entre mis brazos. Aquel domingo, el último domingo, no me quedó más remedio que dejarlo, abandonarlo a la soledad de su muerte, pues los silbatos del toque de queda me obligaron a regresar a mi bloque en el Campo Grande. Hasta dos dias después no vi su nombre en la lista de movimientos de los deportados: llegadas, salidas por transporte, fallecimientos. Su nombre figuraba en la lista de los fallecidos diarios. Por lo tanto todavia habia aguantado dos dias, cuarenta y ocho horas de eternidad de más.

Jorge Semprun
La escritura o la vida. pp.55-56